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miércoles, 4 de julio de 2012

Celebrando a Lully

[Atys de Lully visto por Jean-Marie Villégier. © Pierre Grosbois]
Desde que en 1672 se convirtiera en el director de la Académie Royale de Musique (esto es, de la Ópera de París), Jean-Baptiste Lully, que en 1661 había obtenido ya el cargo de Superintendente y compositor de la cámara de Luis XIV, iba a poner todo su empeño en crear un tipo de ópera genuinamente francés, que se apartara lo más posible del expansionista modelo italiano. Había mucho de política en aquel proyecto. Acalladas las protestas interiores y engrandecida en el exterior tras la Paz de los Pirineos, la Francia del Rey Sol aspiraba también al dominio cultural del mundo.

Las intenciones de crear una forma de espectáculo musical enraizada en la tradición francesa se encontraban ya en las comédies-ballets que en colaboración con Molière, Lully presentó en la corte entre 1664 y 1670. La comédie-ballet suponía la evolución natural del ballet de cour, pero en su mezcla de teatro hablado y divertissement musical le quedaba todavía un paso para reproducir el modelo operístico italiano: una obra teatral completamente cantada y puesta en música. Ese paso lo dio el florentino en 1673 con la presentación de Cadmus et Hermione, la primera de sus óperas a las que, para distinguirlas aún más de sus homólogas transalpinas, llamó tragédies lyriques.

Las tragedias líricas tomaban sus argumentos de la mitología clásica, se estructuraban en un prólogo (alabanza explícita del Rey Sol) y cinco actos y musicalmente se caracterizaban por la inclusión de números de danza y el desarrollo de un tipo de canto declamado y expresivo, que abolía la rigurosa barrera entre recitativo y aria de la ópera italiana. Con libretos en la mayoría de los casos de Jean-Philippe Quinault, Lully escribió trece tragedias líricas (y dejó una decimocuarta incompleta) que marcaron el futuro del género en la Francia barroca y neoclásica.

En 1987, en la celebración del tercer centenario de la muerte del músico, la Opéra Comique de París encargó la exhumación de una de esas obras, Atys, de 1676, a William Christie y al director de escena Jean-Marie Villégier, quienes ofrecieron un espectáculo que supuso un antes y un después en la recuperación de la ópera barroca francesa. La recreación historicista no solo de la música sino de la escena, la iluminación y el vestuario (de la época de composición de la obra) abrió un camino que no ha hecho sino ensancharse en este tiempo.

En 2011, aquella producción fue repuesta por la Opéra Comique y de ahí sale este doble DVD de Fra Musica, que no solo incluye la representación, con un Christie aún más incisivo, claro y brillante que hace un cuarto de siglo y un estupendo elenco encabezado por el tenor Bernard Richter, Atis dramático e intenso, y la soprano Stéphanie D'Oustrac, sensual, noble y trágica Cibeles, sino que ofrece un documental en cinco partes de 100 minutos de duración que repasa la génesis tanto de la obra lullysta como del proyecto de 1987. Un trabajo monumental, una contribución extraordinaria a la visión que nuestro tiempo deja del arte musical y teatral de la Francia del siglo XVII.
[Diario de Sevilla. 9-06-2012]


JEAN-BAPTISTE LULLY (1632-1687): ATYS
tragédie en musique en un prólogo y cinco actos con libreto de Philippe Quinault

Bernard Richter, tenor (Atys)
Stéphanie d'Oustrac, mezzosoprano (Cybèle)
Emmanuelle de Negri, soprano (Sangaride)
Nicolas Rivenq, barítono (Célénus)
Marc Mauillon, tenor (Idas)
Sophie Daneman, soprano (Doris)
Jaël Azzaretti, soprano (Mélisse)
Bernard Deletré,  bajo-barítono (Le Temps / Le fleuve Sangar)
Paul Agnew, tenor (Dieu du Sommeil)
Cyril Auvity, tenor (Morphée)
Callum Thorpe, bajo (Phobétor)
Benjamin Alunni, barítono (Phantase)
Arnaud Richard, bajo (Songe funeste)
Jean-Charles di Zazzo (Maîtres des cérémonies / Alecton)
Olivier Collin (L'impresario)
Elodie Fonnard, soprano (Flore / Suite de Sangar)
Rachel Redmond, soprano (Iris)
Anna Reinhold, mezzosoprano (Melpomène)
Francisco Fernández Rueda, tenor (Zéphir / Suite de Sangar)
Reinoud Van Mechelen, haute-contre (Zéphir)

Compagnie Fêtes galantes et Gil Isaart de l'Opéra National de Paris (Bailarines)

Les Arts Florissants
Director musical: William Christie

Director de escena: Jean-Marie Villégier
Director de escena asociado: Christophe Galland
Coreografía: Francine Lancelot y Béatrice Massin
Decorados: Carlo Tommasi
Vestuario: Patrice Cauchetier
Iluminación: Patrick Méeüs
Pelucas: Daniel Blanc
Maquillaje: Suzanne Pisteur

Director de vídeo: François Rousillon

Coproducción de la Opéra Comique de París, Brooklyn Academia of Music, Théâtre de Caen, Opéra National de Bordeaux y Les Arts Florissants. (Recreación de la producción ofrecida por la Opéra Comique en 1987 gracias a la aportación excepcional de Ronald P. Stanton)

Suplementos (documental dirigido por François Rousillon):
1. La métamorphose d'Atys
2. Les grands appartements
3. L'Opéra du Roi
4. Machines d'opéra
5. Le réveil d'Atys

Subtítulos en francés, inglés, alemán, español e italiano
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2 DVD FRA MUSICA (Harmonia Mundi) [c.190' (Atys) - c.99' (documental)]
Grabación: Mayo de 2011

lunes, 4 de julio de 2011

Poulenc cabeza abajo

[Diálogos de carmelitas de Poulenc en la visión de Dmitri Cherniakov para la Bayerische Staatsoper]
Escrito en los últimos años de su vida, pero sólo estrenado póstumamente, en 1952, Diálogos de carmelitas es el único drama teatral de Georges Bernanos (1888-1948). Las preocupaciones religiosas que impregnan toda la obra del escritor francés se presentan aquí en carne viva. Los horrores de la Segunda Guerra Mundial, el descubrimiento de la infamia inimaginable de los campos de exterminio debieron de causar sin duda una hondísima impresión en el ánimo del pensador cristiano, quien hace del martirio de una comunidad de monjas carmelitas durante la revolución francesa su personal ejercicio de catarsis contra el miedo, su canto a la redención del género humano a través de la víctima sacrificial, unas pobres monjas ocupando el simbólico lugar de Cristo.

Francisc Poulenc, creyente convencido como Bernanos, escribió a partir de este drama un libreto para la mejor de sus óperas, que estrenaría en la Scala de Milán el 26 de enero de 1957. El lenguaje de la obra se encuadra en una reconocible tradición tonal, con empleo de disonancias para marcar expresivamente las escenas más dramáticas (la muerte de la priora o el angustioso y tan cinematográfico final) y un tratamiento de la voz cercano al recitado heredado del Debussy de Pelléas et Mélisande.

Dmitri Cherniakov (Moscú, 1970) es uno de los enfants terribles de las escenas líricas europeas, y para esta producción de los Diálogos que se vio en la Bayerische Staatsoper de Múnich en marzo de 2010, bien que lo dejó claro, poniendo cabeza abajo a Bernanos y Poulenc. Ambientado en una época indefinida del siglo XX, el drama de Cherniakov es no tanto el del terror cuanto el del fundamentalismo religioso. En medio de un inmenso escenario desnudo, las carmelitas viven aisladas en una pequeña casa transparente, alienadas, al margen del mundo y sus preocupaciones, rechazando la modernidad y a sus agentes. Su martirio se ha transformado ahora en un suicidio colectivo, forma de protesta de un grupo de mujeres fanatizadas por los enemigos de la razón. Para el final, Cherniakov reserva un último giro de tuerca: Blanche vuelve a la comunidad, pero no para, superado su miedo y reconciliada con su dios, subir al cadalso junto a sus compañeras, como en Bernanos y Poulenc, sino para abrirles la puerta de la prisión, convertida en auténtica cámara de gas, y librarlas de una muerte segura, un acto que le costará a ella la vida. El sacrificio ha cambiado de repente su sentido: no hay dios ni creencia que lo justifique, porque Dios y la religión ya no son la solución, sino el problema.

Puesto Poulenc del revés, a Kent Nagano le cuesta dar sentido musical a algunas escenas, sobre todo a un final en el que los efectos orquestales dejan de tener correspondencia con la escena. Este es el aspecto más problemático de una función que tiene otros muchos puntos de interés, empezando por la indagadora y detallista batuta del californiano y por un elenco soberbio, que incluye entre sus más destacados elementos a Susan Gritton, Sylvie Brunet, Soile Isokoski, Hélène Guilmette, Alain Vernhes y Bernard Richter. Polémico, brillante, perturbador trabajo.
[Diario de Sevilla. 2-07-2011]


FRANCIS POULENC (1899-1963): DIALOGUES DES CARMELITES
ópera en tres actos con libreto de Francis Poulenc a partir del drama homónimo de Georges Bernanos

Alain Vernhes, barítono (Marqués de la Force)
Susan Gritton, soprano (Blanche de la Force)
Bernard Richter, tenor (Caballero de la Force)
Sylvie Brunet, mezzosoprano (Madame de Croisy)
Soile Isokoski, soprano (Madame Lidoine)
Susanne Resmark, mezzosoprano (Madre Marie)
Hélène Guilmette, soprano (Hermana Constance)
Heike Grötzinger, mezzosoprano (Madre Jeanne)
Anaïk Morel, mezzosoprano (Hermana Mathilde)
Kevin Conners, tenor (el capellán)
Ulrich Ress, tenor (el primer comisario)
John Chest, barítono (el segundo comisario)
Christian Rieger, barítono (el oficial)
Levente Molnár, barítono (el carcelero)
Rüdiger Trebes, bajo (Thierry)
Óscar Quezada, barítono (Monsieur Javelinot)

Bayerisches Staatsorchester
Chor des Bayerischen Staatsoper (Andrés Máspero, director)
Director musical: Kent Nagano

Director de escena y escenografía: Dmitri Cherniakov
Vestuario: Elena Zaytseva
Iluminación: Gleb Filshtinsy
Dramaturgia: Andrea Schönhofer

Director de vídeo: Andy Sommer

Subtítulos en inglés, francés, alemán y español
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BEL AIR BAC061 (Harmonia Mundi) [152']
Grabación: Marzo de 2010