Mostrando entradas con la etiqueta cardoso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cardoso. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Mitología de la zarzuela

[El Concierto Español en un ensayo con Soledad Cardoso]
Por suerte ha dejado de ser excepcional: aunque la situación no sea ideal, el repertorio barroco español empieza a grabarse de forma habitual y algunos nombres están incluso convirtiéndose en populares para el buen aficionado. El caso de José de Nebra (Calatayud, 1702 - Madrid, 1768) es posiblemente el más llamativo, pues en la última década se ha difundido con cierta regularidad tanto su música sacra como la teatral, y no solo en sellos españoles. Hace muy poco que en esta misma página se cantaban loas a la grabación de Amor aumenta el valor que Luis Antonio González y Los Músicos de Su Alteza hacían para Alpha y a las cantatas sacras que María Espada y Eduardo López-Banzo dejaban en Challenge y ahora hay que volver sobre el músico para cantar las excelencias de una zarzuela singular.

Para obsequio a la deydad, nunca es culto la crueldad, y Iphigenia en Tracia, que es el título completo de la obra, fue el último trabajo teatral de Nebra, quien enseguida se iba a dedicar casi en exclusiva a componer música sacra para la Capilla Real. Con un libreto algo enrevesado, basado en Eurípides y original de Nicolás González Martínez (que confunde torpemente la Táuride con la Tracia), la pieza se estrenó en el Coliseo de la Cruz madrileño en 1747 y es una de las tres zarzuelas de Nebra que han podido ser localizadas.

Aunque algunas de las arias se conocían ya por otros discos (como los de María Bayo con López Banzo y Rousset), faltaba una grabación íntegra de la música, que es lo que ofrece aquí Glossa. Emilio Moreno preparó la obra para una doble interpretación en León y Soria en diciembre de 2010, donde se hicieron las tomas para este doble álbum. Teniendo en cuenta que se trataba de versiones de concierto, Moreno prescindió de la parte declamada, que podía ocupar más de la mitad de la obra original, pero ofreció la música completa, 24 números entre obertura, dípticos recitados-áreas, de nítido origen italiano, coros a cuatro y piezas de estilo español, como las seguidillas o el dúo entre Mochila y Cofieta, los graciosos de la trama.

El Concierto Español se presenta en la formación que era habitual en los teatros madrileños de la época para las grandes ocasiones, con un total de 25 instrumentistas. Moreno conduce con una eficaz vena teatral, privilegiando el contraste y la expresión sobre el refinamiento de la línea. El equipo vocal, que forman cinco voces femeninas (un tenor participa en los coros), es excelente muestra del nivel alcanzado por la música antigua en España. El dúo protagonista lo configuran una Marta Almajano que, como Ifigenia, se muestra en la plena madurez de sus medios y una María Espada (Orestes) que deslumbra por la precisión, profundidad y penetración de sus agudos y por la exuberancia de su ornamentación. Muy tierna y elegante Raquel Andueza en su aria y chisposa en su dúo cómico con una Marta Infante tan expresiva como de costumbre. Completa sin desentonar lo más mínimo Soledad Cardoso.
[Diario de Sevilla. 29-10-2011]


JOSÉ DE NEBRA (1702-1768): IPHIGENIA EN TRACIA 
zarzuela en dos jornadas con libreto de Nicolás González Martínez

Marta Almajano, soprano (Ifigenia)
María Espada, soprano (Orestes)
Raquel Andueza, soprano (Dircea / Mochila)
Soledad Cardoso, soprano (Polidoro)
Marta Infante, mezzosoprano (Cofieta)
Carlos Javier Hernández, tenor

El Concierto Español
Director: Emilio Moreno
----------
2 CD GLOSSA GCD 920311 (Diverdi) [53'51'' - 43'06'']
Grabación: Diciembre de 2010


Nebra: "Llegar ninguno intente" de Iphigenia en Tracia [7'09''] María Espada. El Concierto Español. Emilio Moreno.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Nebra en Lisboa

Durante la gira andaluza en que la Orquesta Barroca de Sevilla interpretó y grabó música de Pedro Rabassa tuve la ocasión de entrevistar a Raquel Andueza para Diario de Sevilla. Allí, Raquel me decía que las mismas dudas sobre el valor auténtico de la música de Rabassa se tenían hace años con la de un José de Nebra que hoy se graba y se interpreta con cierta regularidad; y no sólo en producciones españolas, cabría añadir, como demuestra este disco de Alpha.

EL IBERISMO EN UNA ÓPERA LISBOETA DE JOSÉ DE NEBRA


En enero de 1728 tuvo lugar en Lisboa un doble enlace entre los príncipes herederos de España y Portugal (futuros Fernando VI y José I) y dos infantas ibéricas (portuguesa para Fernando y española para José, obviamente). Los herederos eran apasionados amantes de la ópera, de modo que a nadie puede extrañar que en el Palacio lisboeta del Marqués de los Balbases, embajador extraordinario de la monarquía española para la ocasión, tuviese lugar, entre otros muchos actos festivos, la presentación de Amor aumenta el valor, una ópera sobre libreto de José de Cañizares que contaba con música de tres compositores de la corte madrileña, Giacomo Facco, Filippo Falconi y José de Nebra. Hace muchos años que Enrico Gatti grabó para el sello Symphonia parte de la contribución de Facco al evento (en concreto, la Loa introductoria) y Luis Antonio González lleva ahora al sello Alpha la participación de Nebra (Acto I, que con la Loa es lo que se ha conservado de la partitura), en la que el aragonés muestra su exquisito dominio del estilo italiano sin olvidar vistosos rasgos de la tradición española. González se mueve con finura en la mezcla de estilos y consigue de su conjunto instrumental el toque teatral de variedad, elegancia y desenfado que la obra exige. En su torno ha reunido además a un estupendo elenco de jóvenes voces (casi todas) españolas, del que cabe destacar a las sopranos Olalla Alemán y María Eugenia Boix y a la mezzo Marta Infante.
[Diario de Sevilla. 11-12-2010]

JOSÉ DE NEBRA (1702-1768): Dramma armónica intitulada AMOR AUMENTA EL VALOR
con libreto de José de Cañizares (Lisboa, 1728)

Olalla Alemán, soprano (Horacio)
María Eugenia Boix, soprano (Clelia)
Marta Infante, mezzosoprano (Porsena)
Agnieszka Grzywacz, soprano (Livio)
Soledad Cardoso, soprano (Porcia)
Ana María Otxoa, soprano (Calpurnia)
José Pizarro, tenor (Mimo)

Los Músicos de Su Alteza
Director: Luis Antonio González
----------
ALPHA 171 (Diverdi) [79'31'']
Grabación: Noviembre de 2009





sábado, 11 de diciembre de 2010

Memento mori

[Tejados de Baeza]
En la Andalucía del casi millón de parados, del último Informe Pisa, de los recortes presupuestarios a un sector cultural que era ya, antes de ellos, un pigmeo en el mundo globalizado de hoy, aún quedan rescoldos para la esperanza. Por ejemplo, los que aviva el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza, que ha llegado a su decimocuarta edición no sólo resistiendo el embate de los manostijeras oficiales sino incluso en un proceso de crecimiento que no se detiene y se afianzó cuando hace tres años tomó las riendas de su dirección el musicólogo Javier Marín López, quien ha racionalizado y ordenado sus contenidos, potenciado su vertiente científica, ampliado su ámbito de irradiación y favorecido su difusión.

Este año, el certamen estuvo dedicado a Portugal y ofreció entre el 19 de noviembre y el 8 de diciembre un total de 27 conciertos agrupados en cinco ciclos (Siete siglos de globalización musical, 8 conciertos; Ars Orgánica. Música para órgano, 6; La música en los monumentos de Vandelvira, 9; Conciertos familiares, 2, con un mismo programa; Conciertos didácticos, 2, con un mismo programa), una conferencia de Fernando Palacios ("La música en cuento") además de un ciclo de conferencias en torno a "La recuperación de la música antigua como discurso ideológico" y un curso de musicología que versó sobre el tema central del Festival: "Portugal no centro do mundo. Siete siglos de globalización musical (ss.XIII-XIX)". Además de Úbeda y Baeza, otras nueve localidades giennenses disfrutaron de las actividades del certamen. Entre los grupos y solistas participantes se contaron la Orquesta Barroca de Sevilla, Enrico Onofri y Raquel Andueza en un concierto dedicado a Rabassa que pasó por otras capitales andaluzas, el Coro Barroco de Andalucía, el Grupo Alfonso X el Sabio, The Brabant Ensemble, el Ensemble Turicum, Andrés Cea, Joris Verdin, Wim Becu, además de conjuntos y solistas andaluces y portugueses menos conocidos.

En los últimos años, el Festival ha adquirido empaque hasta convertirse, en mi opinión, en el segundo más importante de cuantos, dedicados a la música clásica, se celebran en Andalucía, sólo superado por el Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Cabe felicitar por ello a las seis instituciones que organizan la muestra (Junta de Andalucía, Diputación de Jaén, Ayuntamientos de Úbeda y Baeza, Universidad Internacional de Andalucía y Universidad de Jaén, que se ha sumado este año al proyecto), a las que hay que agradecer su decisión de mantener su presupuesto en un año tan difícil como este 2010. No obstante, ya se oyen a lo lejos las sirenas de la demolición, por lo que no viene mal pedir a las autoridades una visión de futuro que no haga de la muestra un cadáver en vida (como antes o después acaba pasando con tantos eventos similares) y que permita sostener su crecimiento lento, pero reconocible. Deberían saber los gestores de lo público que las renuncias y los pasos atrás en un terreno como éste, en el que se funde la cultura con la riqueza patrimonial (material e inmaterial: Úbeda y Baeza son dos de las ciudades más bellas del sur de España y el patrimonio musical por recuperar es aún inmenso en esta tierra), con la formación y con el turismo, se pagan muy caros, sobre todo cuando aún quedan muchas cimas por conquistar.

No pude visitar Úbeda y Baeza en 2009, pero he estado un par de días en la edición de este año. La noche del lunes pasado, tan constitucional ella, se vivieron momentos muy intensos en el Auditorio de las Ruinas de San Francisco de Baeza, cuando, con una intermitente tormenta de fondo (los relámpagos eran visibles desde la butaca por la peculiar arquitectura del recinto), el conjunto inglés The Brabant Ensemble hizo un programa titulado Memento mori: Caminos a la muerte en Flandes y Portugal. Dirigido por Stephen Rice, The Brabant Ensemble (conocido a menudo como el grupo de las hermanas Ashby, pues hasta tres forman parte de él: Helen, Kate y Emma) es un típico conjunto coral británico formado por una decena de voces con altos femeninos y un estilo que potencia el brillo, el empaste y la verticalidad. Presentaron un programa centrado en la Missa pro defunctis de Manuel Cardoso, cuyos números se fueron alternando con motetes de Jacobus Clemens non Papa, Nicolas Gombert, Orlando de Lasso, Duarte Lobo y Esteban López Morago, un músico nacido en Vallecas pero formado en Portugal, por lo que a veces, como era el caso, su nombre aparece en portugués. Me sorprendió la disposición del conjunto para las piezas a 4 voces (varió algo en las escritas a 6 y en un motete para doble coro de López Morago), con una primera línea ocupada por sopranos y bajos y una segunda, detrás, en la que se situaron tenores y altos, con lo que uno de los problemas habituales de los grupos ingleses (la claridad de las voces medias) parecía acentuarse aún más. No obstante, la interpretación tuvo no sólo la calidad técnica que se esperaba de un conjunto de estas características, sino cotas importantes de emoción, por más que el impactante Tribulatio et angustia de Gombert me pareciera algo limado en sus aristas más hirientes (sin sonar todo lo intenso y descarnado que a mí me gusta, la versión que el grupo de Rice tiene publicada de este motete me parece superior, más afilada y conmovedora, a la que escuché en directo).

Al día siguiente no pude asistir al recital que por la mañana ofrecía un organista portugués en el instrumento de San Andrés de Baeza, restaurado hace poco dentro del programa Andalucía Barroca. Pero por la noche sí que estuve en el Auditorio del Hospital de Santiago de Úbeda para asistir al concierto que ofrecía el Ensemble Turicum, que dirigen el contratenor brasileño Luiz Alves da Silva y el violinista suizo Mathias Weibel, con un programa original en torno a los responsorios de tinieblas de un compositor portugués absolutamente desconocido, José Joaquim dos Santos (1747-1801). La obra, fechada en 1780, tiene una original orquestación para cuerdas graves, por lo que el conjunto usó dos violas (da braccio) y un violonchelo junto al continuo (formado por un violone de cinco cuerdas, guitarra y fagot). Música para solistas y coro de estilo ya clásico, con conducción homofónica de las voces y un uso muy reconocible y algo ingenuo de la retórica (para el "Vos fugam capietis" de Tristis est anima mea, Dos Santos usa, claro está, un pasaje fugado; y cuando en Amicus meus se cuenta que Judas se ahorcó ("suspendit"), la figura musical simula a la perfección esa suspensión del cuerpo). Aunque en el motete que abrió el recital, Crux Fidelis a 4 voces de José Mauricio Nunes Garcia, compositor brasileño al que el grupo ha dedicado atención discográfica, el conjunto vocal sonó, a cappella y desde el coro, tristemente desangelado y con un empaste muy primario, los responsorios de Dos Santos, en los que, como decía, se alternan pasajes solísticos con diversos tipos de agrupaciones vocales (dúos, tríos, coros a 4), cobraron la animación y la variedad que parece exigir una música hecha con oficio indudable pero con aislados momentos en verdad inspirados.

La mañana del día 8 la aproveché para visitar la Catedral de Jaén, obra maestra de Andrés de Vandelvira. Como era la festividad de la Inmaculada, pensé que a lo mejor coincidía con alguna función principal y podía así regocijarme con algo más de música. Y en efecto llegué casi al final de una misa concelebrada por el obispo de la diócesis y supongo que buena parte del cabildo catedralicio. Durante la Comunión, pude escuchar algunos versos organísticos interpretados con buen gusto, pero en el Ite missa est, cuando ya el obispo desfilaba con su báculo, mientras feligreses principales se fotografiaban con él, un coro de aficionados atacó el canto de una musiquilla tan sumamente inapropiada y deleznable que por momentos sentí haberme colado en el rodaje de una película de Fellini o de Berlanga. José Joaquim Dos Santos era sin duda un genio, pensé, pero no lo dije.