jueves, 26 de julio de 2012

Pablo Heras-Casado, la cima del mundo

[Españoles en Los Ángeles: Pablo Heras-Casado, Plácido Domingo y Pau Gasol. © Robert Millard (Los Angeles Times)
Es mucho lo que se ha escrito en los últimos dos o tres años acerca de Pablo Heras-Casado, convertido en este tiempo en el más internacional y renombrado de los jóvenes directores españoles de orquesta. A sus 35 años, el granadino presenta un currículo que hasta hace nada solo era imaginable en maestros ya maduros o vinculados a tradiciones sinfónicas mucho más sólidas y vigorosas que la nuestra. Y lo más sorprendente es que todo ese proceso, vertiginoso si se quiere, ha sido vivido por el protagonista con absoluta naturalidad, sin sobresaltos ni rupturas dramáticas, como si formara parte de un plan perfectamente diseñado y meditado.

Nada más lejos de la realidad. La carrera profesional de Pablo Heras-Casado se desarrolla con una fluidez que raya con la espontaneidad y casi la despreocupación, y eso es así precisamente porque nunca ha habido detrás un plan, un proyecto de carrera. Heras-Casado vive su experiencia en la música como un camino abierto a la sorpresa que le produce la propia música; su destino lo ha marcado el repertorio que en cada momento ha ido descubriendo y apasionándole. Pasión. Esa sí es una clave para entender su forma de estar en un mundo dominado por una feroz competitividad.

Una competencia que tampoco parece rehuir. Su debut el pasado 20 de octubre en el podio de la Filarmónica de Berlín (“puede que el único mito que he tenido en música”) significa que el joven maestro ha alcanzado lo más alto de su profesión. Es por supuesto discutible que la Filarmónica de la capital alemana sea hoy la mejor orquesta del universo (si es que un juicio tan extremo puede en realidad formularse), pero nadie duda de la preeminencia del conjunto germano entre sus iguales en materia de prestigio. A nadie se le escapa que alguien que dirige a los filarmónicos berlineses es alguien que está ya preparado para enfrentarse a cualquier reto musical imaginable. El podio de la Philharmonie berlinesa es como aquel depósito de petróleo en llamas desde el que James Cagney gritaba encontrarse en la cima del mundo. Y desde luego que Heras-Casado no ha llegado a él por casualidad. Pues 2011 lo vio también debutar en Tanglewood con la Sinfónica de Boston, al frente de la Sinfónica de Chicago o en el Mariinsky de San Petersburgo, y en 2012 lo ha hecho ya con la Sinfónica de la Radio de Baviera, la de Cincinatti, el Ensemble Intercontemporain, la Mahler Chamber Orchestra o los Barrocos de Friburgo, así como en los Festivales de Baden Baden y Salzburgo.

Pero la cima del mundo conlleva peligros. El gángster al que interpreta Cagney en Al rojo vivo acaba saltando por los aires cuando estalla el depósito. Y sin embargo, con Pablo Heras-Casado la sensación es que no hay nada que pueda estallar, que su desempeño berlinés se integrará con naturalidad en un camino en el que se han alternado, y hasta simultaneado, experiencias tan alejadas unas de otras que muchos pensarían como incompatibles: un coro de aficionados con un grupo de música antigua, el terreno de la experimentación contemporánea con la ópera clásica, una orquesta juvenil de una región española con la Filarmónica de Los Ángeles en el Hollywood Bowl… Todo sin aparente contradicción ni conflicto.

Nada de lo que se ha dicho hasta aquí quiere decir que no haya habido momentos especialmente significativos en la vida artística de Heras-Casado, de esos que definen caracteres y trazan destinos: su trabajo en la Ópera de París como asistente de Cambreling y Gergiev, que le permitió conocer a Gérard Mortier, quien lo hizo debutar en 2010 en el Teatro Real de Madrid con Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny de Kurt Weill; su triunfo en un concurso de Lucerna, que le supuso entrar en contacto con Peter Eötvös y Pierre Boulez, con quienes preparó Gruppen de Stockhausen, que luego estrenaría en Japón; sus primeros contactos con la Filarmónica de Los Ángeles, que le han servido para establecerse firmemente en Norteamérica, donde es ya un habitual de multitud de conjuntos y teatros, y que le han permitido alcanzar la primera titularidad verdaderamente seria de su vida, al ser nombrado en diciembre pasado Principal Conductor de la Orquesta de St.Luke´s.

Este músico singular ha hecho compatible toda esa actividad, que incluye la dirección de títulos líricos en multitud de teatros, con la continuidad de su labor en el terreno de la música antigua al frente de su Compañía Teatro del Príncipe de Aranjuez, un trabajo que se ha enriquecido con su reciente gira al frente de uno de los más formidables conjuntos barrocos del mundo, la Freiburger Barockorchester, introducida de su mano en el repertorio romántico (Mendelssohn, uno de sus compositores fetiche, Schubert, Schumann), o con su dedicación a la creación contemporánea, que le ha llevado a colaborar con conjuntos punteros como el Ensemble Modern, el Klangforum Wien, el Collegium Novum de Zúrich y, por supuesto, el ya citado Ensemble Intercontemporain. Pasión, versatilidad. Son estas las armas de un director granadino que está asumiendo su éxito con una sencillez desarmante. El saber se le da por supuesto. Puedo asegurarles que ahí fuera nadie regala nada.
[Scherzo nº 276. Julio-Agosto 2012]

DISCOGRAFÍA

En CD

David del Puerto: Fantasía primera. Orquesta Sinfónica de RTVE. Tritó (2005) [incluye otras cuatro obras con intérpretes diferentes]














Weinachten in Europa. EuropaChorAkademie (junto a otros cuatro directores). Glor Classics (2008)















Boccherini: Clementina. Compañía Teatro del Príncipe. Música Antigua Aranjuez (2010).















Castel: La fontana del placer. Compañía Teatro del Príncipe. Música Antigua Aranjuez (2010).















Rota: Concierto para trombón. Frederic Bell, trombón. Trombone Unit Hannover. Genuin (2011) [incluye otras cuatro obras de otros compositores con intérpretes diferentes]













En DVD



Schubert: Sinfonía nº7 Inacabada. Orquesta Filarmónica de Radio France. Naïve (2011)



















Weill: Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny. Teatro Real de Madrid. Bel Air Classiques (2010)















3 comentarios:

Santiago Navajas dijo...

La categoría de "mejor del mundo" es, claro, relativo, a partir de una excelencia objetiva. En el cine si tuviera que decir el "mejor director del mundo" me produciría un espasmo mental: Kiarostami o Spielberg, Oliveira o Tarantino? Dependería del momento, de las circunstancias, del estado de ánimo, del tipo de cine que más me apeteciera...

Imagino que con las orquestas también dependerá del director, y que alguien como Barenboim, por ejemplo, puede elevar un conjunto un par de grados por encima de su nivel medio. No es lo mismo un Madrid entrenado por Pellegrini que por Mou...

Estoy programando un viaje a Berlín, eso sí, para, sobre todo, darme el gustazo de un concierto de la Filarmónica en su templo

Saludos, Pablo

Pablo J. Vayón dijo...

Hace unos años, una revista musical (creo que Grammophone, pero no estoy seguro) hizo una encuesta entre críticos de todo el mundo preguntando por la mejor orquesta del orbe. Ganó la del Concertgebouw de Ámsterdam.

Gracias, Santiago, y feliz concierto berlinés (cuando quiera que sea).

Santiago Navajas dijo...

Al Concertgebouw lo he escuchado en Granada y en Amsterdam... y aunque sabía de su excelencia no lo suponía en la cúspide. Lo imaginaba entre Chicago y Berlín... Gracias Pablo