miércoles, 22 de agosto de 2012

Un réquiem para la paz

[El director holandés Jaap van Zweden © Hans van der Woerd]
Operación Sonata Claro de Luna. Aquel fue el beethoveniano título escogido por los militares alemanes para nombrar los siniestros planes que la Luftwaffe había preparado para el 14 de noviembre de 1940. Su objetivo: la ciudad inglesa de Coventry, que aquella noche quedó absolutamente arrasada bajo el fuego de más de 150.000 bombas. En medio de la más pavorosa destrucción imaginable, humearon durante días los restos de la iglesia de San Miguel, un templo construido entre los siglos XIV y XV que en 1918 había sido designado catedral.

La reconstrucción de la iglesia, que incorporaba sus ruinas, no fue puesta en marcha hasta 1956 y para su consagración, prevista para finales de mayo de 1962, se encargó un Réquiem al más célebre compositor británico del tiempo, Benjamin Britten (1913-1976). Britten se había distinguido por su pacifismo activo antes y durante la guerra, lo que le ocasionó no pocos sobresaltos, y era reconocido por su homosexualidad (ilegal en Inglaterra hasta 1967), lo que daba al encargo una significación muy especial. El compositor no dejó pasar la ocasión para presentar su visión de las relaciones humanas. Empleó el texto de la misa de difuntos latina, pero intercalando a lo largo de todo su desarrollo poemas antibelicistas de Wilfred Owen, un poeta inglés muerto en 1918, a los 25 años, ametrallado solo una semana antes de que se firmara el armisticio que clausuró la Primera Guerra Mundial.

Una ocasión tan solemne parecía requerir unos medios musicales extraordinarios, y Britten ideó un amplísimo dispositivo que distribuyó en tres grupos que debían ocupar un espacio concreto en la puesta en escena: detrás, a la izquierda del espectador, coro y orquesta principales junto a una soprano solista, a la derecha, un coro de niños con un órgano; delante, dos solistas masculinos (tenor y barítono) con una orquesta de cámara. Los dos primeros grupos tenían asignado el texto litúrgico, y los solistas masculinos, que simbolizan a las víctimas de los combates, los poemas de Owen. Para Britten, su obra no tenía que reflejar la exaltación de la victoria, sino la contrición por el mal causado y la reconciliación entre los pueblos: por eso propuso que en el estreno los solistas fueran un inglés (el tenor Peter Pears, su compañero de toda la vida), un alemán (el barítono Dietrich Fischer-Dieskau) y una rusa (la soprano Galina Vishnevskaya, a la que a última hora las autoridades soviéticas prohibieron el viaje, por lo que fue sustituida por la británica Heather Harper).

La obra, pese a su título, un grandioso canto a los anhelos de paz de la humanidad, cumple 50 años, y para celebrar la efeméride, el sello Challenge ha presentado una nueva versión fonográfica, tomada en vivo en 2010, con Evelina Dobracheva, Anthony Dean Griffey y Mark Stone como solistas, los conjuntos de la radio holandesa y la doble dirección de Jaap van Zweden y Reinbert de Leeuw (quien se encarga del conjunto de cámara). Los brillantes y emotivos resultados están a la altura del desafío.
[Diario de Sevilla. 18-08-2012]


BENJAMIN BRITTEN (1913-1976): WAR REQUIEM OP.62
Evelina Dobracheva, soprano
Anthony Dean Griffey, tenor
Mark Stone, barítono

Orquesta Filarmónica de la Radio Holandesa
Coro de la Radio Holandesa y Coro de Niños de Holanda
Directores: Jaap van Zweden y Reinbert de Leeuw
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2 CD CHALLENGE CLASSICS CC72388 (Diverdi) [47'00'' - 35'44'']
Grabación: Mayo de 2010


Britten: Libera me de War Requiem. [22'28''] Dobracheva, Griffey, Stone. Coro y Orquesta de la radio Holandesa. Van Zweden, De Leeuw


Coro
Libera me, Domine, de morte aeterna,
in die illa tremenda:
Quando coeli movendi sunt et terra:
Dum veneris judicare saeculum per ignem.

Soprano y Coro
Tremens factus sum ego, et timeo
dum discussio venerit, atque ventura ira.
Libera me, Domine, de morte aeterna.
Quando coeli movendi sunt i terra.
Dies illa, dies irae, calamitatis
et miseriae, dies magna et amara valde.
Libera me, Domine.

Tenor
It seems that out of battle I escaped
Down some profound dull tunnel, long since scooped
Through granites which titanic wars had groined.
Yet also there encumbered sleepers groaned,
Too fast in thought or death to be bestirred.
Then, as I probed them, one sprang up, and stared
With piteous recognition in fixed eyes,
Lifting distressful hands as if to bless.
And no guns thumped, or down the flues made moan.
"Strange friend," I said, "here is no cause to mourn."

Barítono
"None", said the other, "save the undone years,
The hopelessness. Whatever hope is yours,
Was my life also; I went hunting wild
After the wildest beauty in the world,
For by my glee might many men have laughed,
And of my weeping something had been left,
Which must die now. I mean the truth untold,
The pity of war, the pity war distilled.
Now men will go content with what we spoiled.
Or, discontent, boil boldly, and be spilled.
They will be swift with swiftness of the tigress,
None will break ranks, though nations trek from progress.
Miss we the march of this retreating world
Into vain citadels that are not walled.
Then, when much blood had clogged their chariot-wheels
I would go up and wash them from sweet wells,
Even from wells we sunk too deep for war,
Even from the sweetest wells that ever were.
I am the enemy you killed, my friend.
I knew you in this dark; for so you frowned
Yesterday through me as you jabbed and killed.
I parried; but my hands were loath and cold.
Let us sleep now..."

Niños, Coro y Soprano
In paridisum deducant te Angeli;
in tuo adventu suscipiant te Martyres,
et perducant te in civitatem sanctam
Jerusalem. Chorus Angelorum te suscipiat,
et cum Lazaro quondam paupere aeternam
habeas requiem.

Niños
Requiem aeternam dona eis, Domine:
et lux perpetua luceat eis.

Coro
In paridisum deducant te Angeli;
in tuo adventu suscipiant te Martyres,
et perducant te in civitatem sanctam
Jerusalem.

Soprano
Chorus Angelorum te suscipiat,
et cum Lazaro quondam paupere aeternam
habeas requiem.

Tenor y Barítono
Let us sleep now.

Coro
Requiescant in pace. Amen.

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