miércoles, 27 de octubre de 2010

Brahms y Gardiner

Estoy trabajando en la 2ª Sinfonía de Brahms, una obra que me gusta mientras la escucho, pero que luego se me olvida enseguida. Con las sinfonías del compositor hamburgués me pasa algo curioso: la que oigo en cada momento me parece la mejor de todas (y eso me ocurre también con la ), pero son la y la las que más me llegan y más tiempo soy capaz de retener (puedo sumarles también el Poco Allegretto de la : en realidad esa vieja idea de construir una ideal Sinfonía de Brahms uniendo el primer movimiento de la , el 2º de la , el 3º de la y el 4º de la me pareció siempre muy sugestiva y casi puedo estar de acuerdo en impulsar a que un día una orquesta haga el experimento). Estos días he estado desempolvando y escuchando algunas viejas versiones brahmsianas y también he recurrido al ciclo recién cerrado de Gardiner en SDG. Me gustó mucho lo que escribió Caronte sobre él en Diverdi. Me gusta el Brahms de Gardiner (ya estoy viendo venir el anatema de los sacerdotes de la gran música como tiene que ser interpretada porque los grandes la interpretaban así, pero me importa mismamente un rábano con hojas y todo), y me gusta precisamente por lo que dice Caronte, por su afán de deswagnerizar la tradición interpretativa de esta música. "Pruebe durante un mes a atormentar sus tímpanos con Berlioz, Liszt y Wagner: llegados a ese punto su ligereza le parecerá un milagro", escribía Brahms a una amiga con respecto a su recién concluida (en realidad los testimonios de su oposición a la wagnerización de la música alemana son innumerables). Dicho esto, debo añadir que recuerdo una de Celibidache en el Maestranza durante la Expo'92 que me pareció maravillosa; en disco me encantan la de Carlos Kleiber, la de Szell y la 2ª de Giulini, más pastoral que nunca, pero también me gusta mucho Gardiner. No tengo bandos y puedo disfrutar por igual de la trascendencia (un tanto impostada, todo hay que decirlo) que conseguía el santón rumano y de la claridad y la levedad que ahora obtiene el británico. Por ejemplo, la , que comenté hace poco en el periódico: esa passacaglia final, una catedral gótica penetrada por un rayo del sol de octubre.


Brahms: "IV. Allegro energico e passionato" de la Sinfonía nº4. [9'41''] Orchestre Révolutionnaire et Romantique. John Eliot Gardiner

2 comentarios:

Ismael G. Cabral dijo...

Coincido contigo, a mi el de Gardiner me parece un Brahms de referencia y, por descontado, la dirección del maestro británico es la que más me llega a la hora de escuchar esta música.

Nunca podré agradecer lo suficiente al movimiento historicista cuánto me está haciendo disfrutar con las obras no sólo del barroco, también del clasicismo y el romanticismo.

Mario Guada Gutiérrez dijo...

Hola:

Y sin olvidarnos de esas pequeñas joyas corales que Gardiner nos ha ido regalando en cada nuevo disco de esta integral.
Brahms es uno de los grandes maestros corales del XIX -probablemente también de la historia- y The Monteverdi Choir realmente asume con diligencia esas lecturas.

Un abrazo.