lunes, 13 de febrero de 2012

Kurt Cobain vs Franz Schubert

Ayer, motivado por este artículo, escuché por primera vez en mi vida este disco. Reconozco que lo hice con la curiosidad un tanto malsana de comprobar si realmente "era para tanto", ya que el reseñista se hacía retóricamente esa misma pregunta y se respondía sin circunloquio alguno con un "Sí" rotundo, mondo y lirondo. Y eso no solo aplicado a este disco, sino también a este otro. Era para tanto. Luego aparecía por ahí el adjetivo "sublime", lo que me hizo ponerme en guardia, pero lo que me desarmó definitivamente fue la afirmación, tan rotunda y lironda como la otra, que cerraba el artículo. Era esta:

"No por nada Kurt Cobain está en el Olimpo junto a los más grandes".

Antes de seguir, quizá deba aclarar que aunque mi trabajo está relacionado con la música que llaman "clásica" no tengo ningún prurito ni complejo de superioridad con respecto a otros estilos musicales, que disfruto a menudo de canciones de rock o de pop y que conocía por supuesto a Nirvana y a su líder (me gusta mucho por cierto la película que le dedicó Gust Van Sant, que comenté en su día por aquí). Más allá aún, no me cabe duda de que en el mundo del pop y del rock ha habido y hay músicos excelentes, artistas en el sentido más restrictivo del término, cierto que dedicados fundamental y casi exclusivamente a escribir breves melodías acompañadas. Pero es que yo soy un gran amante del género de la canción, así que no tengo ningún reparo en reconocer que los pocos minutos de una cancioncilla (de cualquier época) pueden tocar mi fibra con tan honda sensibilidad como una gran obra sinfónica o camerística. Otra cosa es que, en términos estrictamente musicales, sean comparables, pero en fin, ese es un tema delicado y complejo, en el que no entraré por ahora.

Andaba diciendo que me picaba la curiosidad de esa sentencia tan aparentemente incontrovertible, y deseaba comprobarla por mí mismo. He de admitir, a mi pesar, que Nirvana me cogió ya un poco mayor, y aunque tenía más o menos idea de por dónde iba su estilo y alguna canción que otra me iba sonando a medida que escuchaba, Nevermind no lo había oído entero, al menos conscientemente, jamás. Lo hice con gusto, no voy a negarlo, pero de mi cabeza no terminaba de desaparecer ese Olimpo (de músicos, interpreto) al que se había incorporado Cobain para hacer compañía a los más grandes. Y como esta semana ando con Schubert me paré un segundo a imaginarlos a los dos juntos (pues no tengo la menor duda de que Miguel López-Neyra también considera al vienés un grande de la música), hablando de contrapunto, inversiones, hexacordos, intervalos enarmónicos, bajos de alberti, ritmos lombardos y esas cosas de las que hablan los músicos cuando se juntan. Y entonces me saltó la duda: ¿resisten la comparación? No ya Cobain con Schubert (o Josquin, Victoria, Monteverdi, Bach, Vivaldi, Haendel, Mozart, Haydn, Beethoven, Ockeghem, Dufay, Verdi, Schumann y unos 2000 nombres más que podrían ocurrírseme ahora mismo), sino cualquier músico dedicado a escribir canciones pop con un músico de los llamados clásicos.

No voy ni siquiera a entrar en el terreno de la calidad, aunque para mí (y esto es algo muy personal, claro está), el Nevermind de Nirvana al lado de algo como el Winterreise, causa un efecto parecido al que tendría la barca de Chanquete junto al FLNG. Pero ya digo que ni siquiera me apoyaré en un juicio que, en efecto, puede ser subjetivo. Mejor buscar algo objetivo como término de comparación: para valorar el peso real en el mundo de la música de uno y otro (ambos compañeros del Olimpo) basta con fijarse en una cosa tan prosaica como la de los números. Así que busqué en la red cuántas canciones pudo haber compuesto Kurt Cobain. La respuesta la hallé en un foro de fanáticos: aunque no terminaban de ponerse de acuerdo, la cosa al parecer oscila entre 53 y 231. Cojamos sin rubor la más alta.

Kurt Cobain murió a los 27 años, un mes y 18 días habiendo escrito 231 canciones.

Franz Schubert murió a los 31 años, 9 meses y 19 días habiendo escrito, según la cifra más aceptada hoy, 634 canciones (algunas de ellas en versiones diferentes, por lo que el número real quizá tuviera que aumentarse un poco). Claro que además escribió aproximadamente una docena de óperas y otras obras teatrales (y dejó fragmentos y esbozos de otras tantas), 6 misas completas, unos 40 motetes, partes de misa y otras obras sacras, algo más de 30 piezas corales profanas (incluidas cantatas y algún oratorio) para voces mixtas, unas 100 obras corales profanas para voces masculinas, 27 obras corales profanas para voces femeninas o sin especificar, 8 sinfonías, otras 15 obras orquestales entre oberturas, rondós y conciertos, 15 cuartetos de cuerda, 2 (+1) tríos con piano, una decena de obras para violín (solo y con piano) entre sonatas, sonatinas, fantasías, variaciones y danzas, un quinteto con piano, un quinteto de cuerdas, una sonata para arpeggione y piano, dos octetos (uno de vientos), un noneto de vientos, más un número difícil de precisar de otras obras (oberturas, adagios, danzas...) hasta rozar las 60 piezas de cámara, 11 grandes sonatas para piano, más otras tantas fragmentarias, y fantasías, impromptus, fugas, variaciones, klavierstücke, etc. hasta un total de unas 80 piezas para piano solo (danzas, que suman más de 200, al margen), a lo que habría que añadir unas 50 piezas para piano a cuatro manos.

Vale que Schubert vivió cuatro años más que Cobain, pero ¡cómo le cundieron! Aparte de que a nadie se le escapa que no es lo mismo escribir una melodía con un acompañamiento que un cuarteto de cuerdas, una sinfonía, una misa o una ópera.

Para terminar quizá sea interesante recordar que Cobain se suicidó de un tiro en la cabeza, para lo que solo hace falta tener dinero y/o la oportunidad de conseguir el arma. Schubert tuvo tiempo incluso para morirse de sífilis.

18 comentarios:

Tono Menor dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, cuando no podemos fiarnos de nuestra propia objetividad, lo mejor es tirar de números, que estos nunca mienten. No es por despreciar a Kurt Cobain, al contrario, es un gran músico, pero en su ámbito y no hay que mezclar churras con merinas. Por lo menos te has molestado en escuchar el disco de Nevermind, pero seguramente muchos de aquellos que dicen que puede compararse con Schubert o Beethoven, ni siquiera se habrán parado a oír nada de ellos. Muy buen artículo

Saludos

Pablo J. Vayón dijo...

Es un problema de escalas. Los más grandes son demasiado grandes. Gracias por su comentario.

Ginebra dijo...

:-)
Estoy de acuerdo (y me gusta Nirvana, eh)

Pablo J. Vayón dijo...

Una cosa no quita la otra, claro.

plof dijo...

¿Perdón? ¿He oído por ahí que Kurt Cobain es un gran músico? Me sorprende que alguien con criterio opine eso. Puedo admitir que sea un gran compositor de música pop, pero, amigo, basta con oír su disco 'unplugged'en directo para darse cuenta de que el pobre estaba bastante limitadito como músico. En el Nevermind, claro, entre la guitarra con distorsión y el afinador automático, no se nota. Me estoy imaginando a Alicia de la Rocha en el estudio, diciendole al técnico: "ahora, como esta parte es repetición, ¿copias y pegas de la parte anterior?" o a Cecilia Bartoli pidiendo por favor el autotune para ese Mi que le quedó bajo....

Anónimo dijo...

y esto amigo es lo que le pasa al 99% de gente de conservatorio, que ven a un tío que toca un instrumento de manera autodidacta (más mal que bien) y le desprecia, y cuando ese tío sube a un escenario con cuatro acordes, transmite y emociona a la gente ya se gana directamente el odio del músico de formación que se ha pasado toda la vida estudiando documentación musical. pues que se joda, el arte si no se trasmite o no se sabe trasmitir y se queda dentro de uno no es arte y no vale para nada. ole los cojones de Cobain. de ser un mierda don nadie a comerse el mundo y convertirse en un icono cultural. como "músico" mejor Schubert claro, pero como "artista" Cobain se lo come con papas.

Jose.

Dani dijo...

Hola Pablo; en primer lugar enhorabuena por tu blog. Soy un lector esporádico (uno nunca dispone de todo el tiempo que quisiera...) y lo poco que he leído me ha resultado de gran interés.
Respecto a esta, en momentos demagógica entrada, estoy de acuerdo en algunas cosas, pero en la mayoría no. Y no sólo porque, aunque ya menos, fui muy seguidor de Niravana (no sé si porque me pilló en la adolescencia, o por otros motivos), sino porque algunas de las razones con las que argumentas las veo poco consistentes. En primer lugar por la entrada en sí: aunque Tono Menor en su comentario dice sabiamente que no hay que mezclar churros con merinas, "echar a pelear" a Schubert Vs Cobain, es mezclar churros con merinas.
Como violonchelista, admiro a Schubert no sólo por su contribución al instrumento que toco (su contribución a la ya prácticamente lograda en el s. XIX emancipación de la voz grave en el chelo con sus quintetos, su sonata para arpeggione que aunque no está escrita para nosotros, los chelistas hemos apadrinado muy gustosamente, su contribución en la música sinfónica, etc...) sino también por su música en general y su particular forma de transmitir con sus melodías. Pero no se pueden comparar. Kurt logró, como dice Jose en su comentario, transmitir pese a no ser un virtuoso, y eso es algo innegable. Incluso a muchos jóvenes (y no tan jóvenes) la música de Nirvana les dice mucho más que la música de Schubert, y eso que la de éste último es muy buena. Sí, ya sé que al igual que valorar quién es mejor músico por el simple número de obras compuestas, este argumento también se cae: la mierda atrae a millones de moscas y no por eso la mierda es buena.
Considero que es una batalla que no se podría dar. Por supuesto la música del alemán es mucho más elaborada, dífícil de componer digamos, rica en aspectos armónicos, rítmicos, recursos instrumentales... que la del americano, y por eso no pueden competir.
Por cierto, creo que en ese Olimpo de los músicos que mencionas no se tiene por qué hablar de contrapunto, inversiones, hexacordos, intervalos enarmónicos, bajos de alberti, ritmos lombardos y esas cosas, porque si eso es así, en ese triste Olimpo de músicos no entraría, entre otros muchos, Camarón...
Sí que estoy de acuerdo en algo que dices, pues me pasa igual que a tí, yo también "soy un gran amante del género de la canción, así que no tengo ningún reparo en reconocer que los pocos minutos de una cancioncilla (de cualquier época) pueden tocar mi fibra con tan honda sensibilidad como una gran obra sinfónica o camerística". Lo suscribo letra a letra.
El éxito que tuvo Nirvana no fue sólo por la composición de sus canciones, sino también (además de muchos factores sociales) por su interpretación: Kurt Cobain no sólo fue autor de sus canciones, sino también intérprete. Hay poca gente que comparta ambos gustos (Schubert y Nirvana): quizás hay un cambio demasiado radical en tiempo: Romanticismo-década de los 90. Sin embargo (y esto sí que sería un tema más interesante que comparar a Schubert y Cobain), esa diferencia temporal no existe entre mucha música vanguardista de la década de los 50 y posterior con la música pop y rock (pongamos también blues, como las primeras grabaciones que existen del archivo de Alain Lomax, cuya noticia se puede ver la aquí:http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/11/actualidad/1328979226_870480.html) de la actualidad; y aún así, hay un gran cisma entre público y compositores digamos "académicos". Esto también es un temazo a tratar...
Por último, por intentar poner algo de humor, estoy seguro que a nadie le gustará Nirvana si escucha esta versión:http://www.youtube.com/watch?v=KgbS6ONWUXg
(por cierto, me gustaría saber qué pensaría Schubert acerca de la propiedad intelectual, pero bueno, en ese tema mejor no entrar...)
Saludos

Pablo J. Vayón dijo...

Sí, Nirvana logra "transmitir" a todos aquellos a los que les gusta la música de Nirvana; igual que Isabel Pantoja logra transmitir a los que les gusta la música de Isabel Pantoja y Justin Bieber a quienes les gusta la música de Justin Bieber. Dicho esto, estamos en el mismo sitio, y no hemos avanzado nada. Podemos quedarnos ahí y concluir que en arte todo es gusto y nada es objetivable, y que por tanto en la educación habría que eliminar todos los asuntos relacionados con el arte, ya que cualquier intento de jerarquización sería un abuso de un determinado "gusto" sobre el resto.

Bien. No estoy de acuerdo. Lo he argumentado ya muchas veces, y ahora no tengo ni tiempo ni ganas de volver a hacerlo en profundidad. Este post era una andanada suavita (muy suavita) e irónica contra el adanismo popero, contra esa idea tan extendida en quienes escriben de pop de pensar que la música empezó hace poco más o menos 60 años, una idea que veo, por norma, cargada de profundísima ignorancia.

Y el número y el género aplicados a la dedicación artística de los compositores es un dato muy significativo para valorarlos. La música es un arte abstracto y complejo, y cualquiera que no sea un mameluco entiende que no es lo mismo imaginar unas cuantas melodías a las que poner luego un acompañamiento más o menos convencional u original que escribir no una ni dos ni diez, sino decenas o cientos de piezas a varias voces, con formas diferentes y una extraordinaria variedad en el uso de todos los parámetros musicales... para conseguir además que todo ese legado siga escuchándose de forma significativa dos siglos después de su creación y haya dejado en la cultura occidental una huella interpretativa de extraordinaria relevancia (y no me refiero ahora exclusivamente, aunque también, a los modos de interpretación musical).

Finalmente, me reitero, ahora de forma un poco más enfática: Nevermind al lado del Winterreise es una cagadita de paloma.

manuelbonino dijo...

Totalmente de acuerdo con todo lo que dice Pablo pero con una pequeña acotación: el parámetro de la música escrita ayuda mucho (tanto saber hacerlo como contar cuánta ha dejado un creador), pero no valora suficientemente a otro tipo de creadores, tipo Keith Jarrett o Richard Grayson. Quiero decir, a los improvisadores (como fueron también Bach, Chopin, Beethoven, etc.). Salvo en el detalle de que no escriben la música que crean, encajan en las demás diferencias que comenta Pablo, y es que entiendo que escribir música a veces es necesario por diferentes cuestiones (que van desde la más prosaica como es procurarse el alimento, hasta por necesidades puramente "artísticas"), pero no es la diferencia esencial entre Isabel Pantoja y Bach.

Pablo J. Vayón dijo...

Sí, claro, Manuel, estoy de acuerdo. Como sabes bien, la música empezó a escribirse cuando los mecanismos de transmisión oral empezaron a considerarse insuficientes para garantizar su adecuado uso en la liturgia. Por razones obvias, solo establezco la comparación en el nivel de la composición musical tal y como nos ha llegado ("escrita en papel" o "registrada en disco", en este caso). En ese sentido, los músicos nacidos en la época del registro sonoro tienen una considerable ventaja (o un inconveniente, según se mire) con los que vivieron antes: se pueden escuchar sus interpretaciones, y ese sería otro nivel de comparación. Por eso cuando me hablan de "transmitir" me he limitado a comparar a Nirvana con Pantoja o con Bieber y no con los clásicos.

Anónimo dijo...

Es que este es el gran problema que tenemos los aficionados a la música clásica en este país. Nos quejamos de la falta de ayudas y de promoción existente, cuando luego nos dedicamos a comparar a un Maestro con un músico de nuestra época, a mezclar churras con merinas. El último comentario de Pablo deja patente lo que el lector medio intuye desde que comienza a leer la entrada: el complejo de superioridad que tienen los músicos de formación frente a los aficionados, que se convierte en más que evidente frustración cuando un artista pop alcanza la cima. Y ojo, no hace falta comparar (= ridiculizar) a Kurt Cobain con personajes como la Pantoja o el Justin ese. Aquí somos todos mayorcitos para identificar un artista que ha marcado una generación y distinguirlo de personajes de la farándula.
Kurt Cobain puede no ser santo de nuestra devoción (de hecho no lo es para mí) pero es innegable su aportación cultural. Es un icono, ha hecho muy buenas canciones. Y sólo con que alguien se suba a un escenario, toque una canción y haga que los que estén abajo les observen emocionados mientras piensan "esa historia que cuenta es la mía", ya merece todo mi respeto. Nirvana logra transmitir a quien le escuche con respeto, al igual que Robert Johnson, John Lennon o Bob Dylan. Como todos los grandes.
Pero no para los músicos elitistas, parece. Esta imagen de músico superior, elevado y alejado de la cultura popular que tanto daño nos hace a todos.

manuelbonino dijo...

Ok, lo imaginaba porque se podía leer entre líneas, pero siempre me gusta recordar que hay más formas de creación que la escrita, una pequeña obsesión particular ;-)

manuelbonino dijo...

Se me había pasado el comentario anónimo anterior al mío. Creo que se confunde con lo que se está diciendo aquí, el post trata de marcar las diferencias entre determinados compositores y otros, en dónde se encuentran. Ni siquiera se trata de "música clásica" contra "pop", ni de decir que la música pop/rock/hip-hop/loquesea sea mala (al contrario, bien claro creo que ha quedado que todos disfrutamos con muchas de estas músicas), sino de que realmente hay diferencias cualitativas e incluso cuantitativas entre determinadas músicas. Disfrutar de "Nevermind" no es incompatible con saber apreciar que hay enormísimas diferencias con la 9ª de Beethoven (no digamos ya con todo su catálogo) o un concierto del trío de Keith Jarrett. Y no me refiero, obviamente, a si una gusta más o menos o puede llegar a hacerlo. Sinceramente, creo que cualquier persona con un mínimo de objetividad puede ser capaz de apreciar esto.

manuelbonino dijo...

Y de todos modos, le recomiendo también al anterior anónimo releer cómo comienza el post, limitándose si quiere a sus dos primeros párrafos únicamente para ponerse en situación nuevamente.

Pablo J. Vayón dijo...

Exacto. Aquí el que lo ha entendido es el Anónimo de las 23.23. Cobain se sube a un escenario, canta una canción y la gente que está abajo se emociona de la hostia, porque es gente guay que sabe de qué va la cosa y entiende lo que es un icono cultural. En cambio, se sube la Pantoja esa y se creen ustedes que la gente que está abajo se emociona de verdad. Anda ya... Unos pringaos, eso es lo que son. La farándula... y el complejo de superioridad ese...

Dani dijo...

Por supuesto que en arte no todo es gusto y nada es objetivable, por supuesto que es un error de una gran ignorancia pensar que la música existe desde los años 60, y por supuesto que es un error querer comparar un disco de los 90 (Nevermind) con un ciclo de lieder del Romanticismo.
También sigo opinando que el número de obras compuestas, pese a ser un valor significativo, para nada es determinante. Si esto fuera así, creo que Telemann sería el compositor más importante de la historia, cosa que no es así.

Pablo J. Vayón dijo...

No, Dani, yo no hablo solo de número. A ver si por fin logro aclararlo en pocas palabras: el post nace de cierto hartazgo de años, de ver cómo una y otra vez se habla de música en términos absolutos para referirse a un movimiento epigonal nacido hace poco más de medio siglo y que se dedica de forma preferentísima a la acumulación de melodías con acompañamiento. La influencia social del rock, el pop y aledaños, su importancia sociológica, está fuera de toda duda, la calidad artística de sus mejores representantes y su capacidad de comunicar con un público amplio nadie la discute (es más, resulta envidiable para todos los músicos sea cual sea su dedicación y su formación), pero musicalmente hablando, esto es, tomando el propio desarrollo histórico del arte musical, sus vueltas y revueltas de siglos, como referente, se trata de un movimiento apenas significativo (por ejemplificarlo: en una historia sociológica del siglo XX, los Beatles ocuparían un capítulo entero y Messiaen ni aparecería; en una historia de la música del siglo XX, Messiaen ocuparía un capítulo y los Beatles una cita a pie de página o poco más). Mi requisitoria, ya dije que suavita y cargada de ironía, simplemente quería dejar claro que ni los más conspicuos representantes del pop internacional resisten la comparación con un gran maestro clásico, que si hablamos del Olimpo de un arte tan complejo como la música es una ridiculez afirmar que un tipo como Kurt Cobain está ahí sentadito con los más grandes. Los grandes, insisto, son demasiado grandes.

Ya.

Anónimo dijo...

Pues si creo que es un poco radical la comparación, quizá quede un poco mejor con algún músico del siglo xx, como Prokofiev. Sin embargo, lo importante de todo esto, que además me entristece, es que la musica rock, pop, hip hop, etc. hayan opacado al genero clásico. Estoy de acuerdo con que estos géneros atraen a mas gente, y creo que la razón principal es que son movimientos sociales mas que musica, y la clasica en cambio, es una expresión musical pura, incluso diría que me transporta al paraíso, como las sinfonías de Mahler. Por eso, lo bonito del genero es que es universal, por eso no me imagino a Schubert ( universal) contra Cobain ( movimiento social). Y por cierto, sigue habiendo grandes compositores del genero clásico, les recomiendo a Arvo Pärt, John Adams, y a Krisztoff Penderecki.

Saludos.